Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid,
así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en mí.
Yo soy la vid y ustedes son las ramas.
El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mí no pueden ustedes hacer nada. Juan 15:4-5
Uno de los récords más asombrosos en lo que se refiere al peso y
tamaño de hortalizas y frutas lo batió Edward Harol Mckinney, de los
Estados Unidos.
En el año 2002 logró cultivar un membrillo de dos kilos y treinta y
cuatro gramos de peso. Este extraordinario suceso de la naturaleza se
encuentra registrado en el libro Guinness de los récords. Me imagino
cuán impresionante debe de ser tener a la vista este hermoso y enorme
fruto.
Quiero hablarte sobre el durián. Es un árbol exótico que se da en el
sudeste asiático; el tamaño de su fruto es muy impresionante, pues puede
llegar a pesar cinco kilos. Pero lo que lo hace especial es su olor.
Cuando alcanza la madurez despide un olor tan desagradable y nauseabundo
que en algunos restaurantes y hoteles está prohibido, aunque posee
cualidades alimentarias de alto valor nutricional.
La Biblia también habla de frutos especiales, los llamados frutos del
Espíritu, que se mencionan uno por uno en Gálatas 5:22 y 23: amor, paz,
alegría, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio
propio. Dios espera que estos frutos, que son parte de la naturaleza de
Dios, también sean reproducidos en la vida de sus hijas. Cuando estos
frutos son visibles en nuestras actitudes, palabras y actos,
trascendemos y nos transformamos en una fuente de bendición para los
demás.
Por otro lado, muchas de nosotras tenemos una situación similar a la del durián.
Todo el mundo nos evita porque generamos con nuestra presencia un ambiente desagradable.
En la Palabra de Dios se encuentra una receta sencilla que nos
permitirá producir los ricos y aromáticos frutos del Espíritu: “Yo soy
la vid y ustedes son las ramas.
El que permanece en mí, como yo en él, dará mucho fruto; separados de mi no pueden ustedes hacer nada” (Juan 15:5).
Amiga, aprópiate de esta maravillosa promesa, y deleita a Dios y a los demás con tu presencia..
LECTURAS DEVOCIONALES PARA LA MUJER
ALIENTO PARA CADA DÍA
Por: Erna Alvarado
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